De nuevo sentada, observando mi dedo índice sumergirse en el whisky y el reflejo de mi "cara larga" en la barra, pensaba en ponerme a llorar, pero el contexto no lo permitia, entonces decidí irme para disfrutar de mis lágrimas en mi casa. Tome mi bolso, pague mi ultimo trago que aun no había terminado de degustar, y casi como una alarma me hace alterarme, una silueta en mi costado me hizo levantar la cabeza tan rotundamente que mis ojos alcoholizados se marearon. Era el chico del bar, aquel del que ya había hablado, tan como siempre, con aquella vestimenta tan particular, con aquella mirada de ojos tan saltones dirigiéndose a mi, con una sonrisa que destacaba sus mejillas, y el pelo negro revolucionado pero así mismo, peinado. Tarde segundos en reconocerlo sin siquiera mirarlo, y tarde dos minutos enteros en recorrer su todo con mis mareados ojos, ahora sera otro tiempo mas para que de mi boca salga algo coherente después de estar tan atareada.
Paso media hora de charla simple, aquella que esta escrita en todas las bocas. "Hola ¿como andas?etc...", y ahí dijo lo que yo no quería (si, quería) escuchar "Vine porque sabia que venias", mis ojos se volvieron dos huevos duros. El se sonrojó y me siguió diciendo aquellos objetivos que tenia conmigo. Fueron sólo palabras, pero como yo las escuche sonaron tan puras, tales a como me las decía antes.
Luego de revolver más y más mi whisky, pude emitir sonido, tocí, pero al ver que el casi se ilusiono por verme hablar me decidí a decirle todo lo que pensaba.
Y ahora con un problema en manos, sigo revolviendo mi trago, tengo, tal como el dijo "que tomar una decision" y pensar en tres cosas clave: mi, mi y mi. Porque de otra forma, terminaría de nuevo en ese bar, tomando de nuevo, viendo mi reflejo y como odio esto!.
Pero es inevitable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario