Moralmente perdido, aturdido por el viento que choca contra sus tímpanos, con la boca seca, traga saliva para sobrevivir y aun así luchando por seguir adelante, cada paso que da es una historia nueva para contar. Le quedan kilómetros por recorrer. Por su mente no pasan los pensamientos de siempre, aquellos pesados y sin forma, adaptados al sistema. Solo piensa en el siguiente paso a dar, tiene su vida en sus manos, y sus manos en su vida y no hay nada mas que apreciar que eso, ni siquiera recuerda su nombre, no tiene mas que la esperanza de un alma perdida: la suya.
Cuando el viento cesó, se recostó y tomo de su mochila una de las tantas botellas que tenia reservadas para este viaje, la abrió después de un rato de lograr concentrarse en la coordinación de sus manos y bebió de ella tranquilamente.
En esos ratitos, que tal vez eran horas o tal vez eran segundos, en los que disfrutaba de su soledad y de su paz interior, solía pensar que su mejor camino era ese y que seguramente iba a estar recorriendolo durante toda su vida sin llegar a destino, porque ese lugar al que buscaba con entusiasmo para muchos no existía... pero tal vez el no buscaba un lugar, sino un camino sin rumbo.
Cada uno busca en su vida, su propio sentido.

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